Fundada por Pedro I el Grande el 16 de mayo de 1703, la ciudad, al ser comparada con otras gigantescas urbes, debería aparentar juventud. Fué muy rápido su desarollo, y en menos de 300 años la vemos llegar a parangonearse nada menos con París (que cuenta ya con lo que va de nuestra era) y ponerse al lado de más pobladas ciudades del mundo. En este momento la población de San Petersburgo se acerca a 5 millones de habitantes.
Terminada la Guerra del Norte entre Rusia y Suecia, el emperador ruso Pedro I reconquistó las tierras, que en los tiempos remotos pertenecían a los eslavos. Para garantizar la seguridad del territorio reconquistado, era necesario erigir una fortaleza, que controlara el acceso al río Neva y fuera al mismo tiempo el primer puerto ruso en el mar Báltico. La nueva fortaleza san-petersburguense se hizo una verdadera “ventana al Oeste” para Rusia en aquel entonces. Hasta hoy día San Petersburgo se considera la ciudad rusa más europea y la ciudad europea más rusa.
Actualmente San Petersburgo es uno de los principales centros turísticos en todo el mundo en atención a su importancia cultural e histórica. Para asombro de las generaciones venideras, la ciudad vino concentrando tanta obra de arte que nos podemos permitir esta opción: ni en densidad de valores por kilómetro cuadrado, ni en potencial artístico cede San Petersburgo un tanto a las más famosas capitales del mundo.
El aspecto arquitectónico de San Petersburgo va a sorprenderle con su mezcla armoniosa de las épocas i estilos diferentes, creada por los arquitectos famosos, tales como Rastrelli, Voronijin, Rossi y Kvasov. Desde lo alto se destacan los grandes macizos de edificaciones sobre las islas del delta del río Neva. Como flechas lanzadas desde un solo punto – el Almirantazgo – parten en abanico las principales avenidas de la ciudad tomando cada una su rumbo hacia el sur, este y sudeste. Antiguas mansiones aristocráticas y lujosos palacios ostentan columnas, lucen capiteles, presumen de cariátides – y ocultan la penosa estrechez de sus patios semejantes a pozos de piedra y de escaleras para la servidumbre, cuya descripción le habrá sorprendido en Dostoevskiy y Nekrasov.
No es menos espectacular el panorama del potente río Neva, numerosas islas, pequeños
puentes y tortuosos canales, que dan una originalidad excepcional a la ciudad, a menudo llamada “Venecia del Norte”.
Sita San Petersburgo en el sexagésimo paralelo (o sea a nivel de la extremidad sureña de Groenlandia), la ciudad tiene otra particularidad, que le trajo la fama mundial. Este fenómeno se llama “las Noches Blancas”. Puede ser que si visita San Petersburgo en junio, no podrá conciliar el sueño si para ello precisa de la oscuridad nocturna: no llegará la noche, pese a que el sol se esconda... no para hacerse esperar precisamente, ya que a las 3.45 ya se le verá de nuevo lucir en el cielo. Mientras tanto, se disfrutaría de una fantástica luz – no diurna, aunque se podría leer sin conectar lámpara alguna. Es una claridad entre malva y argentina que matiza de misterio la serena atmósfera de la durmiente ciudad. Este período durá desde el 16 de junio hasta el 26 de julio. Es un espectáculo inolvidable. Las calles de la ciudad se animan como por ningún otra parte, a pesar de eso los numerosos enamorados pueden encontrar sitio para aislarse.
Peterhoff
Teatro Mariinski
Fundado a principios del siglo 18 por el emperador Pedro I el Grande, no lejos de su nueva capital septentrional (ciudad de San Petersburgo), Peterhof fue predestinado convertirse en la residencia real más espléndida de toda Europa. Sus magníficos parques y jardines, sus 176 fuentes y palacios majestuosos, estátuas doradas de dioses y héroes antiguos debían simbolizar la gloria y la potencia del Imperio Ruso. Sus colecciones destacadas de escultura y pintura hicieron Peterhof una capital verdadera del arte única en su género.
En 1944, liberado de los nazistas alemanes, Peterhof parecía haber totalmente perdido su valor cultural: palacios estában arruinados, hidrosistemas y comunicaciones de ingeniería fueron explotados, miles de árboles fueron cortados, muchísimas obras del arte fueron robadas i exportadas o destruídas. Asolado por la Guerra país comenzó a reconstruir su monumento cultural, y al pasar un mediosiglo, gracias al trabajo minucioso de los restauradores nacionales, Peterhof aparece ante los visitantes en toda su hermosura.
San Petersburgo es un lugar, donde nació el teatro musical ruso. Los espectáculos de ópera y ballet a la corte del zar se daron ya en el siglo 18. Mariinski – es uno de los teatros más viejos de Rusia, fue construído en el año 1869 según el proyecto del arquitecto A. Kavos y recibió su nombre en honor de la emperatriz María Alexandrovna, esposa del zar Alejandro II. Óperas de ciertos compositores rusos - N. Rimski-Korsakov, M. Glinka, M. Músorgski, P. Chaikovski – tuvieron su estreno aquí. Este teatro siempre servía de casa para los mejores actores, directores de escena y de orquesta. Durante varias décadas el principal director de orquesta era E. Napravnik, y de maestro de baile trabajaba famoso M. Petipá. Tales cantantes como F. Shaliapin, L. Sóbinov, F. Komissarzhevski y bailarines y bailarinas, como M. Kseshínskaya, A. Pávlova, B. Nizhinskiy, M. Fokin presentaron aquí.
Los archivos del teatro son enormes. Los documentos, libreto i esbozos de los espectáculos, escrupulosamente conservados, hasta hoy día se utilizan para el poner en la escena las obras modernas. El repertorio del teatro include las obras del “fondo de oro” – las óperas y balletes clásicos. Los últimos años el teatro realizó las representaciones comúnes con los teatros de ópera más grandes del mundo, como: Opera Bastille, La Scala, las Operas de Tel-Aviv, San-Francisco.
El museo del Ermitage
Es uno de los más grandes museos del mundo. Actualmente el Ermitage representa por sí un conjunto de edificios, que ocupa 6 magníficos palacios, situados a lo largo del río Neva, directamente en el corazón de San Petersburgo.
El Palacio de invierno fué la residencia oficial de los reyes rusos en San Petersburgo hasta el año 1764, cuando la emperatriz rusa Catalina II adquirió los primeros cuadros para su colección de la pintura y de la obra del arte. Ella fundó el museo del Ermitage, que ocupó parte de las salas. Después fueron erigidos otros edificios más, para colocar allí la colección, que seguía ampliándose: el Ermitage Pequeño, el Ermitage Viejo (Grande), el Teatro del Ermitage y el Ermitage Nuevo (es muy fácil reconocerlo gracias a los Atlases, que apoyan el pórtico).
El conjunto arquitectónico de la Plaza del Palacio se prolonga con el edificio del Estado Mayor. Su arco famoso, proyectado por el arquitecto Carlos Rossi forma la fachada más larga en todo el mundo – 580 metros. Este arco de triumfo no solamente adorna la entrada en la plaza, sino también conmemora la victoria de Rusia en la guerra de 1812-14 contra Napoleón.
El Palacio de invierno – este edificio de color verde y blanco – es impresionante y verdaderamente muy conocido.
El Ermitage ocupa 1057 salas, lujosamente decoradas, la mayoría de las cuales está abierta al público. La colección del Ermitage es muy rica y única en su género, consta de más de 3 millones obras maestras, que demuestran el desarollo de la cultura y del arte mundial desde la época de piedra hasta el siglo 20. Los visitantes del museo pueden contemplar aquí las obras de Leonardo da Vinci (“Madonna Litta” y “Madonna Benua”), Rafaello Santi (Rafael), Miquelangelo Buonarotti, Titian. El arte español está representado en el Ermitage con las obras de El Greco, Murillo, Zurbarán, Velázquez, Goya, Picasso.
Los restaurantes
Tzarskaia Oschota - “La caza del zar”
Chinok
Viena
La cocina rusa de caza: carne del alce, del volaterín; carne del oso y del jabalí, del castor. Ciertos platos especiales: “Faisán a las especias”, “La nuez de bosque”, “ La pedriz”.
La cocina ucraniana, rica y variada. El adorno de los interiores es maravilloso. Por las tardes dan las canciones populares rusas y ucranianas. El ambiento cálido y amable.
Hace tiempo, aquí se reunían las más renombradas personas de la capital rusa. Este restaurante fué reconstruído en 1903 en un club literario y artístico. Los escritores, poetas y artistas rusos – A. Kuprín, A. Tolstóy, M. Gorkiy, I. Brodskiy, A. Písemskiy, K. Chukovskiy – se hicieron los parroquianos más famosos de este restaurante.
Dirección:
calle Shpalernaya, 44b
tel. 273-58-13
San Petersburgo
Dirección:
avenida Zagorodniy, 13
tel. 311-82-62
San Petersburgo